Ganó el público

Los extremeños La Ira y la banda local Indrid unieron sus fuerzas el sábado en la sala El Mendigo de Barakaldo

La reacción del público en un concierto en vivo es tan importante como la calidad de la banda. Es decir, el grupo ya puede ser Pink Floyd en su etapa del `The Piper at the Gates of Dawn´ (1967), que si el público no responde, no hay alma que levante un bolo. Y viceversa. Hay que saber tocar bien un instrumento y dar espectáculo… pero también saber escuchar.

El sábado en el Mendigo de Barakaldo hubo una fusión maravillosa entre ambas partes. Los extremeños La Ira y los locales Indrid se unieron para dar un bolazo insertado en la vasta red de conciertos de la zona. La semana pasada saltó la noticia de que el Gobierno Vasco pretende reducir los conciertos en los bares sin licencia, por lo que se intuye que va a ser más complicado que buenas bandas de fuera como esta se den a conocer por aquí. Y no hablemos del problema de promoción de la enorme bolsa de grupos de calidad que hay en esta zona.  

La Ira

Desde Extremadura y con determinación entraron los cinco músicos a escena. Es una banda con trayectoria y muy buena técnica. Al escucharles recordamos formaciones como Iratxo, Chucho e incluso algunas melodías de los De Marras.

La Ira

En este bolo el público jugó un gran papel. Mientras sonaban los acordes, las cámaras de los móviles empezaron a brotar como la flor del cerezo en un marzo tardío. Tocaron la magnifica versión de Aute “La belleza” y el frontman Raúl Jiménez (ex El gitano, la Cabra y la Trompeta) empezó a soltarse. Con su voz rota y el brillante sonido de guitarra demostró sendas tablas en el escenario pero también lo hizo en su relación con el público.

Hubo frases como: «Vosotros moved la boca aunque no os la sepáis» y nos guardó en el bolsillito. También hizo algo que no veía hace tiempo, recitar versos al inicio de algún tema, como hace Robe y otrxs tantxs más. Un fallo: incluir tanta sexualidad `viril´ en las letras.

Cuando sonó “Diablos y angelitos” el guitarrista Manué Pérez (ex Proyecto Simio) también empezó a soltarse. Su habilidad con el instrumento es brutal, caleidoscópica y demostrable en colaboraciones como la que hizo con Kaxta en el tema “Jícaras de chocolate” tocando el sitar.  Por cómo manejó la guitarra y su expresión corporal, no hizo falta ser especialista para observar que es una gran promesa de la música.

Raúl, Manué y Miguel Ángel

El saxo comandado por Miguel Ángel Cáceres fue otro de los puntos fuertes de la banda: cálido, elegante y no excluyente. En ocasiones, guitarra y saxo se fusionaban por la poca ganancia que les llegaba desde la mesa pero no fue razón para detectar el poder que desprenden dentro de la banda.

Todos los miembros fueron impescindibles. Los bass lines de Javier Luengo aportaron frescura e intensidad al tiempo que Jesús Caballero manejaba el ritmo implacable. El público se entregó cada vez más. Hubo un chico en primera fila que las cantó todas. Fuimos testigo de esos momentos en que los finales de los temas se transforman en piezas inéditas muy especiales en las que una vez más, gana el público.

Javier, Raúl y

Tocaron ese ritmo de tango con letra protesta de “Poco más” y otros temas de la anterior banda de Raúl. Llegamos al final del bolo cabalgando entre punteos de infarto, voces desgarradas y cálidas melodías. Los comentarios en Redes Sociales sobre ellos han sido todos muy positivos. Espero verles por estas tierras -o por otras- muchas veces más.

Si queréis saber más sobre el grupo extremeño tenéis una entrevista que les hice recientemente en este enlace

INDRID

La banda barakaldarra fue la que abrió la noche en el Mendigo. Fue un concierto divertido y perfecto para romper el hielo. El hard rock e incluso el glam están muy metidos en sus melodías que en ocasiones demostraban suspiros de dooms bien armados por las percusiones de Bloki en los parches y los riffs de la Les Paul de Kitxu. Tienen el rollo de bandas como Sôber, Hora Zulú o como bien versaba la camiseta de Darko (bajista), de Skunk D. F. Este cuidó las líneas de su instrumento una a una con precisión.

Tocaron `Viaje a las entrañas´ y `El diablo es el azar´ y el  vocalista Jota Kaiser se comía el escenario y seducía a la audiencia. Hubo momentos a capela y complicidad con el público que seguía la letra de sus canciones sin problema. Pasó en `Amor caníbal´: desde el escenario retaban al público a cantar las letras de los temas y fueron respondidos.

Indrid

Nunca había estado allí pero el sonido de la sala es bastante bueno y en el bolo de Indrid esto se notó aunque tuvieran algunos fallos iniciales desde la mesa. Las distorsiones progresivas de guitarras armaban una resonancia muy magnética y placentera unida a la fuerza percutiva de la batería. Terminaron el bolo con `Torres de papel´ y una gran ovación.

La cultura que crean los conciertos son un estandarte de las sociedades que los facilitan ya que son un intercambio de sabidurías que no hacen más que enriquecer la escena y la vida de las personas. Esperemos ver muchos más conciertos como este.

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