Lo verdaderamente importante

Sin tecnología, sin comodidades, sin responsabilidades. Vivir día a día es una de las mejores formas de valorar la relación que realmente mantenemos con el planeta. 

Al abrir la puerta de la furgoneta miré a mi alrededor. Pensé un par de veces. Me llegó a dar un poco de vergüenza pero la solución no aparecía en mi mente. Imaginé que estábamos en el Tías todavía (Lanzarote). Fue cuestión de minutos lo que tardó en venirme la imagen del ferry a la cabeza. Habíamos cambiado de isla y estábamos en Arucas, provincia de Gran Canaria.

La pena de hacer una vida en furgoneta es que los recuerdos se vuelven efímeros y no tienes memoria digital que almacene tanta carga gráfica ni sensible. Los lugares que visitas se te pueden quedar en la retina pero quizás nunca te acuerdes del nombre de su ubicación. Quizás sea lo más recomendable, lo más apasionado o lo más primario que se pueda hacer. Vivir en furgoneta es una  experiencia definitiva. Te cambia la filosofía de vida.

Lo que empezó como un viaje terminó siendo una época. El lujo de despertarse cada día en un lugar diferente, se mezclaba con las idas y venidas a llenar las garrafas de agua. El simple hecho de abrir un grifo en esa época fue una cuestión que no se asemeja nada a lo convencional. Con cinco garrafas de agua de cinco litros cada una aguantabas un aseo matutino, un café, comida y limpieza de platos. A la noche debíamos ir a buscar más si queríamos cenar.

Canarias, Madeira, El Algarve, Huelva, Chipiona, Cádiz, S. Fernado o la Isla de León.

Los restos de Camarón de la Isla yacen en el cementerio de S. Fernado. El pequeño pueblo gaditano vive a la sombra de la huella de uno de los grandes. Museos, recuerdos, calles, estatuas y placas engalanan esta villa en la que cualquiera coge una guitarra y se arranca por bulerías. En la misma peña de Camarón, donde hacían unas grandiosas tortillas “de camarones”, se celebró una entrega del concurso anual de cante hondo. El premio estaba muy disputado pero sin ligar dudas, la sensación fue un premio al reconocimiento. Una niña de 10 años recogió un trofeo y como gratitud obligada nos enseñó su arte. Todavía se me ponen los pelos de punta.

Los recuerdos de este viaje son de colores. Todas las ciudades, provincias e incluso zonas, se distinguen por una tonalidad. El Cabo de Gata es verde azulado, Galicia azul oscura. Albacete es gris y Denia por supuesto que es blanca. Puede que sea el clima y la vegetación en consecuencia. La atmósfera de cada sitio es diferente en cada lugar y a la vez muy igual en todos lados. Lo mismo pasa con la idiosincrasia de los habitantes de estos colores. Todos diferentes a su manera pero en el fondo de la misma cultura.

cuero

La forma de ganarnos la vida en este viaje fue la venta ambulante. Un sinfín de localizaciones donde poner un puesto repleto de artesanía  pero casi siempre, recaudación negativa. Una forma muy digna y reconfortante de ganar dinero que se queda corta. La artesanía en estos momentos no se valora. Su precio baja ya que los productos importados de China tapan el cerco de cualquier trabajo realizado a mano. Yuri, un ruso afincado en Cádiz, vendía unas sandalias en su lugar del mercadillo. Las sandalias costaban 100€. Nadie las compraba. Yuri no pensaba bajar el precio de esa obra de arte hecha con las manos, si nadie las compraba, es que no valoraban el trabajo que había detrás de esas extremidades arqueadas. «Si no las compraban, es que no las merecen», decía Yuri.

Pendientes, pulseras collares, carteras, trenzas en el pelo. Dinero para sobrevivir en una vida despegada del sistema. Duchas públicas, comedores sociales, reciclajes en las puertas traseras de supermercados, correr delante de la policía con el puesto a cuestas. Los vendedores ambulantes tienen una técnica infalible para correr de la policía. Se organizan en grupos de alerta y de venta. Mientras unos enseñan el género, otros vigilan las aristas de las ciudades para observar movimientos extraños. Cuando ven a la guardia civil se escucha un silbido. Lo que antes parecía un mercado de complementos y cds pirata, se convirte en tres minutos en la una calle normal de Cádiz. Por supuesto, mi compañero y yo, con la ayuda del gremio, zafamos de la policía también

Chiclana de la Frontera, Barbate, Caños de Meca,  Algeciras y el Peñón de Gibraltar.

Este Peñón anglosajón es lo más cerca que estado de su metrópoli, Londres. Con 27. 500 habitantes, este macizo es un crisol de culturas.  Habitantes de Inglaterra, Malta, Génova y Portugal. Diversos lugares de origen forman la densidad de población de este lugar y tan solo una minoría de españoles. Monos, había muchos monos. Eso decían en las oficinas de turismo pero visitar su ecosistema solo corresponde a los turistas con poder adquisitivo. Entrar en la zona de los primates, un bosque al uso, cuesta 22,50€. Todo un lujo.

Nunca podré olvidar las costas de Murcia, el pueblo turista fantasma de la Manga del Mar Menor o los suaves atardeceres en Denia. En Puerto de Mazarrón (Murcia), se celebran todos los años una feria medieval. Un lobby medieval. Para acceder a este tipo de mercados como artesana, tienes que pagar unas cuotas elevadísimas al igual que cumplir unos requisitos con el metraje del puesto y la calidad del género. Según El Periódico de Aragón en una edición de 2012 el precio medio de un puesto de como mínimo de 2 metros es de 100€, 170€ en las zonas más concurridas de los mercados y «la restauración llega a pagar unos 370 euros por metro lineal», sin contar las tasas. Ante tal despropósito capitalista, montamos el puesto fuera del mercado medieval, en el paseo marítimo, con vistas al mar. Ese día la recaudación fue una de las más elevadas. Alrededor de 200€.También nos quedamos sin género. Otra vez de retiro espiritual a trabajar el género. Todo un lujo.

Elche, Benidorm, Denia, Albacete, Toledo y Cáceres.

benidorm

No es tan rara la sensación de vivir desubicada. En la ciudad de las navajas, Albacete, noté que algo raro pasaba. Las tiendas cerraban antes de lo normal. ¡Qué gran soberanía los y las habitantes de Albacete! Tenían sus propios horarios. ¡Trabajaban cuando querían! En una tienda de productos electrónicos llegué a la conclusión que era yo la culpable de mi desubicación. La hora había cambiado y llevaba alrededor de una semana sin darme cuenta. La verdad es que a mi no me afectó en nada. Esto me ayudó a reflexionar sobre la tiranía de los husos horarios.

Atravesar España entera en una tarde es posible. Nuestra ruta cambió para visitar las tierras del norte. Comenzamos en Galicia.

Plasencia, Salamanca, Zamora, Benavente y Ourense.

Las termas de Orense. Un lugar tan mágico como limpio, bonito y reconfortante. Pasar la noche en unas termas públicas es un ejercicio de encuentro con la naturaleza y con los poderes sanadores de sus elementos. Pozas naturales a diferentes temperaturas contrastan con los grados bajo cero del caudal del río Miño.

Galicia, sin saberlo, me mostró el camino que yo misma seguiría unos meses después. En Vigo me quedé un año entero después de este viaje para terminar mis estudios de bachillerato. Aprendí galego. Aprendí de Galicia.

Rias Baixas, Costa da morte, Praia das Catedrais, Gijón y Santander.

Pingüinos en Santander, nunca podré entenderlo. Focas, leones marinos, pingüinos y patos hacinados en pequeños departamentos del mini-zoo del palacio de la Magdalena. Todo un alarde del especismo más atroz que puede sufrir el ser humano.

Bilbao, San Sebastián, Pamplona, Vitoria y vuelta a Galicia.

Las tierras del norte me enseñaron colores que jamás había visto. Ocres mezclados con morados y rojos. Campos extensos verde fosforito, acantilados blancos y negros que se mezclaban con ciudades teñidas de rojo, el color de la sangre de pobres criaturas inocentes. Toda la zona que visité de Pamplona homenajeaba a la fiesta de San Fermines. Todo un espectáculo de muerte imaginada que no aguanté mucho tiempo.

El tiempo transcurría y de octubre de 2009 que empezó el viaje, llegó el verano de 2010. En Álava tomamos la decisión de volver a Galicia, a la casa de mi compañero. Fue allí donde la furgoneta murió. Dorothy (como así la llamábamos) dio su último empujón en el sitio exacto. En Vigo. Allí pasé la siguiente época.

dino

La vida está llena de etapas, momentos y situaciones. Este viaje me ayudó a asentar mis ideas y saber que quería estudiar. Ya no entraba dentro de los cánones de la edad perfecta para hacer bachillerato, y menos una carrera, pero ¿qué más dá? ¿Quién me lo impide? ¿Quién impone esos cánones? A mi me consuela la idea de que a día de hoy, con 30 años, todavía me quedan muchas cosas por aprender. Será por tiempo.

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